Un millón de muertecitas II


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Se trata de una obra de teatro musical desarrollada a partir de la primera partitura del mismo título. La obra toma como hilo narrativo dos poemas de Lorca que forman  un díptico singular: Luna y panorama de los insectos (El poeta pide a la Virgen), ya empleado en la primera pieza, al que ahora se suma Habla la santísima Virgen [1], texto inacabado que parece ser la respuesta a aquél aunque fue publicado como poema suelto en 1974.

La obra es un acercamiento al Lorca surrealista, visto desde la sensibilidad íntima de las pequeñas criaturas doloridas y desvalidas, tan propia de la poesía lorquiana y particularmente de “Poeta en Nueva York”. También es un acercamiento a su espíritu de búsqueda, riesgo y renovación del lenguaje.

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Aunque de forma genérica podría etiquetarse como “ópera de cámara en un acto” para tres intérpretes (saxofón, soprano y actriz), la propuesta está más emparentada con el enfoque interdisciplinar del teatro musical contemporáneo, o con la tradición más antigua del melólogo [2],  que con la propiamente operística. De hecho, el texto no aparece cantado ni tampoco recitado; la actriz introduce las palabras de forma lenta y vlcsnap-2016-12-05-23h34m29s207-2fragmentaria, con un tono ritual y ceremonial, de modo que el sonido de su voz y de las palabras actúa como otro instrumento musical.
Por otra parte, la cantante no canta ningún texto inteligible sino que emplea un material fonético de vocales y consonantes que vendría a ser una descomposición de las palabras, una suerte de “microtexto”, metáfora del lenguaje de las pequeñas criaturas. En otro sentido, la soprano y el saxofón forman un cuerpo instrumental reducido a la mínima expresión (una orquesta comprimida en dos instrumentos) que dialoga con el texto poético, la voz y la presencia escénica de la actriz.

10Un millón de muertecitas (II) explora el aspecto dramatúrgico y visual de la música, colocando a la cantante y al saxofonista, así como su gestualidad interpretativa, como elementos propiamente escénicos y teatrales; por otra parte, indaga en el aspecto sonoro y musical del texto poético y de la voz de la actriz que lo encarna. En definitiva, se busca una poética teatral para lo musical y una poética sonora para lo dramático, un ámbito de interacción en que 11palabra, sonido y dramaturgia escénica se integran y buscan organicidad en un mismo espacio perceptivo.

[Notas al programa del estreno]

Los acontecimientos han querido que los dos poemas en que se basa esta obra, cobren cuerpo y rostro vivo. Los de cada una de las víctimas con que esta guerra suicida nos sacude cada día la conciencia [3]. De pronto, ese dolor infinito por la carne mínima del mundo, ha tomado nombres propios. Volvemos a ver con horror que el planeta se come sus pequeñas crías. Caras, historias, vidas, tan tangibles como las nuestras, que se encuentran en este momento en un lugar de la intemperie de Europa.

muertecitas-ii3Lorca nos recuerda la razón de ser del arte en nuestra época: narrar cosas cubiertas de tierra. 

Yo denuncio a toda la gente/ que ignora la otra mitad,/ la mitad irredimible/ que levanta sus montes de cemento/ donde laten los corazones/ de los animalitos que se olvidan (…) [Nueva York (Oficina y denuncia); Poeta en Nueva York]

Tenemos que abandonar la realidad virtual y abrir la ventana para que el vendaval imprevisible del aquí y el ahora nos agite de los pies a la cabeza. En el ámbito artístico denominado “contemporáneo” tenemos que soltar mucho lastre: abandonar el sillón especializado del gremio, la coartada de la incomprensión social, el afán de renombre, la autocomplacencia, el mercadeo. Y regresar silenciosamente a nuestra condición primitiva, lejos de la sabiduría, de la profundidad, de la sapiencia. Por las calles deambulan millones de oídos, los días chorrean acontecimientos. Vamos a llenarnos las manos de sonidos, a lanzarlos al espacio con todo el ahínco, a esperar pacientemente las respuestas.

 

 

[Grabación del estreno – Fragmentos]



[1] HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN
Si me quito los ojos de la jirafa,
me pongo los ojos de la cocodrila,
porque yo soy la Virgen María.
Las moscas ven una polvareda de pimienta.
Pero ellas no son la Virgen María.
Miro los crímenes de las hojas,
el orgullo punzante de las avispas,
el asno indiferente loco de doble luna,
y el establo donde el planeta se come sus pequeñas crías.
Porque yo soy la Virgen María.
La soledad vive clavada en el barro.
[2] El musicólogo español José Subirá propuso esta definición: “Melólogo (del griego melos, música, y logos, discurso), género teatral inventado por Rousseau, donde la orquesta dialoga con las palabras del actor situado en el escenario, para expresar, mediante la música, los sentimientos que le conmueven“. El historiador Eduardo Huertas matiza esta descripción en los siguientes términos: “es un género de teatro musical, menor y mixto, en el que se combinan, alternando, la palabra en verso y la música orquestal; y en otros casos, también el gesto o la mímica y el canto coral. Dicha alternancia es, teatralmente hablando, estructural, ya que la música es la otra parte dialogante de la obra y, como tal, desarrolla, igual que el actor, la trama, subrayando y también expresando estados de ánimo“. Rousseau, el inventor de esta fórmula, utilizará la palabra melodrama al referirse a su obra, aunque en un principio la llamara scéne lyrique. En el contexto español del Setecientos se emplearon varios nombres para designarlo: melólogo, unipersonal, melodrama, monólogo, escena lírica… http://elmelologo.blogspot.com.es/p/blog-page_68.html
[3] El texto se refiere a la guerra de Kosovo en la antigua Yugoslavia, que tuvo su punto álgido con los bombardeos de la OTAN en Junio de 1999.