Presentación

[Texto de la presentación del libro, publicado por Ediciones Contrabando, realizada en Función Lenguaje (Centro de Literatura Aplicada de Madrid) el 15/06/17]                                               

Por Ioana Zlotescu*


         Juan Carlos Torres es ejemplo de un ser anclado ¡y cómo! en la realidad de su tiempo –de nuestro tiempo–, tanto en su actividad profesional como también, en su actividad cívica y política.

            No obstante, en su creación poética, surgida desde un incesante cuestionamiento de lo que significa vivir, lo que menos importa es la realidad exterior, lo anecdótico: lo primordial, la raíz de su poesía se hunde en sus vivencias, su poesía emerge desde su subjetividad y desde su libertad creadora, hasta llegar a crear inquietantes paisajes interiores a través de un original intercambio personal entre la realidad circundante y su química poética. Afín al desasosiego existencialista, la escritura de Juan Carlos Torres no se extiende en la horizontalidad de lo anecdótico sino que va en la verticalidad de la “regresión”.

            Seguirle al poeta en su caminar, convierte al lector atento en cómplice  –tanto–  que llega a ser un imprescindible co-autor en la re-creación del poemario, collage de breves prosas y de versos. La energizante travesía que supone su lectura llega a ser un reto para su comprensión, un estímulo creativo para su descodificación, su desciframiento, reto que, por otra parte, responde al empeño mismo de la poética de Juan Carlos: el reto de hallarse a sí mismo, de descifrar sus angustias y fantasmas hasta superarlos y llegar a fusionarse con la naturaleza, con la Vida misma –que es de lo que trata el poema titulado “Hallarse”.

  •                —HALLARSE (POÉTICA)—
  • No es el mar/ es mi olor a salitre
  • No es la selva / ni el árbol/ es pulpa de cítrico en mi lengua
  • No es el viento/ son mis pulmones
  • No es el pájaro/ ni su canto/ es aquel calor de plumas en mis dedos/ es aquel trino matinal en mi memoria
  • No es la luz / no es la lluvia/ son estos ojos/ que se deslumbran lagrimeando
  • No es el coro de las olas/ es este llanto de nacido/ es esta risa de lunático
  • También son naturaleza/ mis sentidos

            Francisco_José_de_Goya_y_Lucientes_-_The_sleep_of_reason_produces_monsters_(No._43),_from_Los_Caprichos_-_Google_Art_ProjectEn la poética de Juan Carlos Torres hay un continuo trasvase entre el sueño y la razón… Y pienso en “El sueño de la razón produce monstruos”, grabado que abre los Caprichos de Goya: un hombre dormido, con la cabeza apoyada entre sus brazos sobre una mesa, rodeado de aves nocturnas, murciélagos y búhos, también de un gran gato y un lince, imagen que sugiere cómo este hombre  –símbolo del Artista, autorretrato del pintor–, fuera de la censura de la vigilia, se hunde entre las pesadillas de su subconsciente. Escribe Goya en el “Manuscrito” del Museo del Prado: “La fantasía abandonada por la razón produce monstruos imposibles: unida con ella, es la madre de las artes y origen de sus maravillas”, y, en el “Manuscrito” de la Biblioteca Nacional, como portada para la obra: “cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelven visiones.”

            goya_dogA su vez, Juan Carlos Torres abole la censura de la razón y se deja arrastrar por la fuerza de sus sentidos y de sus emociones; se sumerge en el miedo y en el desasosiego de sus pesadillas, se atreve a dar rienda suelta a sus temores –que no son otros que los de cualquier ser humano–  para despertar después, sereno, clarividente, consciente de la marcha ininterrumpida  del reloj “parricida” y,  por esto mismo, dispuesto a gozar plenamente de los instantes precarios de la vida. Sí, igual que el perro de Goya enterrado en la arena y recreado por Saura, estamos “a la intemperie”, somos indefensos, nuestra vida es efímera, todos esperamos el “cadalso” de la muerte, pero en nuestra misma debilidad, tras hallarnos, cabe la esperanza de ir por fin liberados del miedo, y justamente por asumirlo, ir libres “campo a través”, fortalecidos, armados con una lucidez que invita a vivir intensamente nuestra breve vida.

            Sumergirse en el mundo de Torres es una sugerente travesía de “vías subterráneas”, sean ellas del mundo real, cotidiano, razonado y observado por el poeta, travesía matizada con observaciones amargas, esto es, el “inframundo primero” del poemario –mundo objetivo de la “ciudad abisal” – o, tal como apuntamos, en el mundo del subconsciente goyesco.

            La “ciudad abisal” se tiñe de matices infernales debido a la incomunicación y a la brutalidad dominante en calles y metros (habrá que recordar en este sentido, los subterráneos, los canales parisinos de Víctor Hugo, la cruel mina de Zola, los parkings de Soledad Puértolas, el inframundo nuclear de Hillmann). En esta misma ciudad abisal hay también matices menos ofensivos aunque capaces de generar mucho desgaste como, por ejemplo, los convencionalismos amorfos de ciertos premios y cenas burguesas, dentro de una desvitalizada hipocresía social, en la cual la misma inofensiva “caquita” de un niño puede tomar matices de amenaza “nuclear”.

El niño componía paisajes en el suelo con el pincel de sus dedos y el feliz ocre de sus cacas. Aves y verduras habían recorrido su interior,  y su cuerpo sabio separaba con sencillez lo que debía permanecer de lo que debía abandonarse. Sin saberlo, el niño pintaba, con la materia de su purificación diaria, el ciclo natural de su estar vivo.

Antes de que el dulce olor a vientre tierno pudiera propagarse al espacio, el niño recibió varias violencias y después fue vendido al hospicio. Su pintura inacabada fue requisada minuciosamente y enterrada en un fondo marino, dentro de los barriles blindados de un cementerio nuclear.

            The_ScreamEn “Inframundo segundo”, el poeta da rienda suelta a las imágenes del subconsciente, encarnadas en palabras e imágenes que corresponden a la imaginación poética, emparentados no sólo con el –señalado  más arriba– mundo de Goya, sino también con El grito de Edvard Munch,  representativo del arte expresionista; el objetivo del poeta no es recrear la realidad, sino expresar un sentimiento de angustia y soledad –prima lo expresivo sobre lo narrativo– en un estilo poético caracterizado por contrastes, dinamismo, contorsión, que da cuenta de la agitación interior de la propia intimidad, estado de ánimo expresado a través de un lenguaje distorsionado y que logra crear inquietud en el espectador.

            …Como pasa con cualquier ser vivo, el punto de contacto inmediato del poeta con la realidad circundante, lugar de gozo y de sufrimiento, es el cuerpo, que, si en el caso de los seres irracionales se expresa por gestos, gritos y sonidos diversos, en el caso de los seres humanos se expresa  por palabras, “palabras orgánicas” salidas de  nuestro “mamiferismo”, en expresión de aquel otro gran vitalista angustiado que fue Ramón Gómez de la Serna.

            En el descenso hacia sí mismo, Juan Carlos desvela en avalancha imparable los secretos de sus espacios interiores, de su subjetividad, a través de una peculiar escritura del cuerpo, con metáforas como enigmas, casi roto el nexo con el punto de referencia. En esta escritura liberada de lastres convencionales algunas de estas metáforas sólo pueden descifrarse desde su intertextualidad, a través de sus variadas connotaciones, características de las así llamadas por Paul Ricoeur, “metáforas vivas”, es decir innovadoras, capaces de sugerir otras realidades que las observables a primera vista. Establecer los nexos ausentes de tales metáforas es tarea apasionante en la lectura de este ejercicio continuo de la regresión poética de Juan Carlos Torres, camino hacia sí mismo, hacia su propia aventura del vivir, absurda, pero tan incitante.

            …No se debe explicar la poesía, sólo se puede compartir la emoción subjetiva que uno tiene leyéndola, sintiéndola. Cada lector hace su propia lectura. Esta breve presentación no pretende (ni debería pretenderlo nunca), ser un punto de llegada, a lo sumo aspiraría a ser un punto de partida para la elaboración de una interpretación personal, una invitación a la lectura, a romper la incomunicación.

            Como el autor nos sugería en un texto introductorio sobre el libro: “Si el cuerpo humano es la máquina más perfecta del universo y el lenguaje su mayor conquista, los instantes de conexión cierta y profunda entre dos seres humanos a través del lenguaje, son el momento culminante de la naturaleza.”


* Ioana Zlotescu es investigadora literaria, hispanista y traductora. Ha dirigido la edición de las obras completas de Ramón Gómez de la  Serna en la editorial Galaxia Gutenberg (Círculo de Lectores), autor del cual es una de sus prinicipales especialistas. Fue directora del Instituto Cervantes de Bucarest.