Sin Párpados


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Fue presentado en 2004 en el Ateneo Madrid XXI.  Tras ser revisado, se publicó en 2008 una segunda versión (Edición de autor) con ilustraciones de F.  Javier Puente Torices  y un apéndice del traductor y especialista en Haiku Vicente Haya.

cubierta-1(Prólogo)

« El parpadeo produce una mirada discontinua, una intermitencia de oscuridad que entrecorta la percepción de las imágenes. El ojo no puede ver el gesto ininterrumpido del movimiento de los cuerpos (…).

Mirar sin párpados exige una tensión sostenida a la córnea, expuesta así de forma permanente a la luz y el aire; sin embargo permite al ojo una visión continua. (…). La naturaleza siempre encuentra el modo de adaptarse. La retina deberá habituarse a un estado de atención permanente ante el flujo incesante de imagen, pero a cambio adquirirá una facultad nueva: contemplar sin pausas —quizá entonces sin temor— el contorno completo de cada emoción en su vaivén constante. »


MANUEL TURÉGANO (escritor y editor) – Revista Foros21 (Julio 2008)  

estampa-4En unos tiempos en que el dominio de los gigantescos monopolios editoriales está convirtiendo la edición de libros en algo similar (o incluso idéntico) a la producción de tornillos o botes de tomate triturado,  lo primero que destaca -y destaca poderosamente- de este libro es su carácter rigurosamente singular, la calidad y el esmero con que está editado, su realidad como objeto incluso en su mero formato físico. Parece como si a Juan Carlos le preocupara la estricta concordancia entre el formato del libro y su contenido, como si no quisiera que su decir poético fuera en un recipiente mecánico y vulgar, como si le preocupara realmente llegar hasta el lector sin ofrecerle lo mejor que puede dar de sí, en todos los aspectos. Y sin duda lo consigue, porque “25 poemas SIN PÁRPADOS” es un libro espléndido, desde las cubiertas al papel, desde la organización y distribución de los textos a la inclusión de las extraordinarias ilustraciones de Puente Torices o el Apéndice de Vicente Haya.

estampa-2“25 poemas SIN PÁRPADOS” nos propone un itinerario, un camino, que va enlazando un poema con otro, una sección con otra, invitando al lector a cruzar el puente, a dar el salto de la mirada a la palabra, de ver las cosas a nombrarlas, de captar la realidad a atraparla, a traducirla, a metamorfosearla en poesía, en decir esencial. Y lo que destaca de forma especial en esta propuesta es ya la forma de mirar, de ver, que nos propone Juan Carlos. Una mirada que no parpadea, que elimina la discontinuidad, la intermitencia oscura; una mirada que no descansa ni reposa, que no se distrae ni adormece; una mirada intensa, persistente y continua que quiere contemplar sin pausas, sin pérdidas,  que quiere captar el contorno completo de lo que mira, apropiarse al máximo de lo que ve. Y es a partir de esa mirada de intensidad pletórica,  que permanece fija en lo que ve,  que no huye, que no se refugia,  ansiosa de claridad y comprensión, de donde brota la rara y perturbadora intensidad de los poemas de este libro, que uno no se cansa de leer una y otra vez, tratando de arrancarles su enorme poso de verdad y sabiduría.


VICENTE HAYA (especialista y traductor de poesía japonesa)

e1-final

La palabra poética de Juan Carlos Torres surge de donde nos nace la rabia. Juan Carlos Torres es –como Dámaso Alonso- un poeta rabioso. Y está dispuesto a todo. He golpeado un tronco con la cara (…) Me he dejado marcar por la punta de las rocas. Su rabia ignora conscientemente las reglas poéticas al uso; la palabra domesticada de los poetas de corte. E inventa versos imposibles… Nieva / El Cielo es un techo sólido sin puntos / Cada copo mete dentro un crujido / Los copos traen crujidos / Cada crujido una punzada de calor… Con la tosquedad elegante del arte africano, incapaz de centrar la nariz y esculpiendo ojos de diferentes tamaños. Nada importa. La belleza poética ha dado paso a la escritura automática, la escritura ausente, la escritura fiel. El lenguaje se disloca para permitirle escribir: El tiempo no ha torcido dónde y quién (…) Volveré a dónde / Volveré a quién…

Estamos ante el lenguaje roto de un poeta roto. Roto en mil pedazos por decir. Por pura necesidad de abrir la boca y que salga lo que no sabemos. Precisamente para saberlo. El silencio es nuestra muerte. Nuestra única muerte. Nuestra definitiva muerte… Qué hago cuando pronuncie todos los sonidos, se pregunta desasosegado. Alguien que tan sólo sabe qué tiene entre las manos para construir su canto. Con el silbido de un insecto / he de narrar mi océano.

estampa-3La poética de Juan Carlos Torres surge de una delicada pulsación de nuestro mundo, de una percusión sentida de las cosas que nos rodean. Agarro un trozo de espacio oscuro / Lo golpeo hasta quebrarlo / Consigo abrirlo. Surge de imágenes intolerables de nuestro propio cuerpo. No soporto la curiosidad de tocarme por dentro (…) Me estoy respirando el oxígeno de mi sangre. Y desde nuestro cuerpo se abre paso y se desparrama sobre todo lo que le rodea. Invita al universo a la orgía de los sentidos. Beso a todas las cajeras / Abren sus pechos / Los acaricio despacio / Arrancan sus blusas. El mundo nos estaba esperando. Sólo teníamos que permitirnos las visiones, que buscar la voz, que situarnos en el filo de nosotros mismos.

No es este libro un cúmulo más de mentiras dichas y mentiras por decir. Juan Carlos Torres nos compromete, nos zarandea, nos molesta con su canto de cigarra obstinada que no quiere morir al final del otoño, sin ver la primavera. Cigarra sin párpados. Que ha encontrado el modo de cantar del yo al mundo.