Notas al programa del estreno (25-11-23/ XXV Festival internacional de música contemporánea de Madrid COMA)
La primera parte del título proviene de una metáfora de Lorca, contenida en el breve poema «Adivinanza de la guitarra» (perteneciente a Poema del cante jondo); metáfora que convierte al instrumento en el Polifemo de la odisea homérica. Dicen los versos: “En la redonda/ encrucijada/ seis doncellas/ bailan/ tres de carne/ tres de plata/ Los sueños de ayer las buscan/ pero las tiene abrazadas/ un Polifemo de oro.” La boca oscura de la guitarra se nos muestra como el gran ojo de Polifemo, y las cuerdas como doncellas abrazadas por la criatura, que a su vez son abrazadas por el guitarrista.
La otra parte del título se refiere a otro contexto poético inventado, donde deconstruimos a Polifemo, y lo convertimos en un cíclope contemporáneo que ha sido expulsado del mito y deambula alucinado por nuestro tiempo, como una especie de vagabundo beckettiano que trata de recordar o de encontrar su habla. Partiendo de esta imagen la obra busca una cierta vocalidad fonética, como si la guitarra fuera la garganta de la criatura.
En términos musicales, la primera parte –Rítmico, resonante– juega con el balbuceo de las resonancias por simpatía, generadas a partir de largos ostinatos y armónicos cambiantes. La segunda parte –Divagaciones– desarrolla una sonoridad politímbrica que transcurre aparentemente con cierta ilógica discursiva (una suerte de variaciones libres sin tema), como si estuviéramos en la mente de Polifemo, dentro de la ensoñación de su memoria o de su zigzagueante monólogo interno. Por último, la tercera parte –Furioso. Canto del lamento– que utiliza la microinterválica (y podría recordar lejanamente ciertos giros flamencos), exacerba un discurso abrupto, que se entrecorta y se interrumpe constantemente -como es característica general de la dramaturgia de la obra- e incorpora recuerdos de «vocalizaciones» anteriores a modo coda.
En términos guitarrísticos la obra busca una poética sonora alejada de los convencionalismos tradicionales del instrumento, y adopta un enfoque de exploración bien diferenciado de otros planteamientos contemporáneos, que ha requerido una investigación particular desde el punto de vista de la ejecución técnica. Por una parte se juega con las posibilidades de la resonancia, tratando esta como un elemento específico y definido del sonido de la guitarra, y que requiere un tipo de grafía particular. Por otra, se desarrolla una sonoridad politímbrica que combina una gran variedad de formas de ataque y apagado, dando un nuevo protagonismo a la mano derecha. Por último, se trabaja con los cuartos de tono de forma sistematizada obteniendo una guitarra plenamente microinterválica.
Metafóricamente, este texto mío podría ilustrar la poética de la obra:
Polifemo perdió su brillo de oro, y sin leyenda ni héroes, vagaba por las calles, enmudecido, atónito. De noche, en las afueras, dirigía su ojo hacia el cielo buscando respuestas, y en su garganta brotaba un balbuceo. Había olvidado su idioma arcaico, pero no su abecedario. La voz indecisa gateaba, trepaba, caía, hasta quedarse dormida. Y el canto seguía, volátil, perplejo, dando tumbos, por los caprichos del sueño.
Entrevista en la revista cultural Foros21