Poesía


SELECCIÓN DE POEMAS

Del libro Sin párpados

[BUSCO LA VOZ (1)]

Qué importa la anécdota.
Si los párpados se alzan o caen.

Dan ganas de reventar por dentro
y sumirse en silencio.
O dan ganas de explotar por fuera
y esparcir la voz hambrienta.

(En el fondo del letargo abatido
hay doble respuesta).
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[EN EL FILO (3)]

Nieva
flota un silencio tembloroso.
El cielo es un techo sólido sin puntos.

El primer copo mete dentro un crujido.
Los copos traen crujidos
cada crujido una punzada de calor.
Y la sangre coagulada
comienza su deshielo.

Cuando el manto frío me envuelve
la sangre se enciende
un reguero incandescente lubrica las entrañas.
De mis pies manan diez hilos
que abren hendiduras que abren surcos
que desbordan cauces.
Y queman la tierra de témpano.

Esta noche este cuerpo congelado
sin fuerzas pero despierto
es una caldera repentina que derrama
una luz ignorada.
Oigo ahora sábanas de sudor y escalofrío
batir de seres durmientes ávidos
de fundir su nieve
con su llama.
[VISIONES (3)]

El aire se ha detenido
es espacio sólido.

Soy una burbuja
dentro de un témpano transparente.
Me estoy respirando el oxígeno de mi sangre.

Queda poco tiempo.
Al fin la luz
no es paisaje
temperatura.
Es materia
puedo tocarla
y voy a acariciar uno a uno
sus destellos.
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[BUSCO LA VOZ (3)]

Tengo un verbo para expresar
el interior de un centímetro de carne.
Por qué los sentidos no dan innúmeros lenguajes
y alumbran las líneas infinitas
que convergen en un poro.

Con el silbido de un insecto
he de narrar mi océano.
Agotaré la repetición obsesiva
la imaginativa combinatoria.
Sólo unas gotas quedarán escritas.

Qué hago con las toneladas de oleaje
con su ansia de brisa pura.
Qué hago cuando pronuncie todos los sonidos
de este balbucear primitivo.

Del libro Vía subterránea

[INFRAMUNDO PRIMERO - TEMPLOS (5)]

El niño componía paisajes en el suelo con el pincel de sus dedos y el feliz ocre de sus cacas. Aves y verduras habían recorrido su interior, y su cuerpo sabio separaba con sencillez lo que debía permanecer de lo que debía abandonarse. Sin saberlo, el niño pintaba, con la materia de su purificación diaria, el ciclo natural de su estar vivo. Antes de que el dulce olor a vientre tierno pudiera propagarse al espacio, el niño recibió varias violencias y después fue vendido al hospicio. Su pintura inacabada fue requisada minuciosamente y enterrada en un fondo marino, dentro de los barriles blindados de un cementerio nuclear.
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[INFRAMUNDO SEGUNDO - II DERIVA - HALLARSE (POÉTICA)]

No es el mar
es mi olor a salitre

No es la selva ni el árbol
es pulpa de cítrico en mi lengua

No es el viento
son mis pulmones

No es el pájaro
ni su canto
es aquel calor de plumas en mis dedos
es aquel trino matinal en mi memoria

No es la luz
no es la lluvia
son estos ojos
que se deslumbran lagrimeando

No es el coro de las olas
es este llanto de nacido
es esta risa de lunático

También son naturaleza
mis sentidos
INFRAMUNDO SEGUNDO - II DERIVA - DIARIO (VII)]

Quemé lo que tenía
aspiré el humo
me perdí en la cordillera

Ahora un torbellino de nieve
me lame el moho de los ojos
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[INFRATIEMPOS - O UNA VIDA (III)]

En el agua
destellos tan breves
un balbuceo
apenas
leve leve pulso
culebrillas de superficie
recién formadas
y ya
disueltas al capricho
de un rayo oblícuo
esquivo que sólo otorga
un momento
mínimo de
ser no ser
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[INFRAMUNDO SEGUNDO - I REGRESIONES - VISIÓN]

La fuente arcaica
estrépito de caños
mi cara infantil arrugada en el agua

afilados vencejos repican
cortan rebanadas de espacio
adornan las cabelleras con gotas de caca

en la plaza encerada el sol refulge
y se deslumbra a sí mismo
y detiene su órbita en el cénit
hechizado por su propia luz

el mediodía absorto se dilata
–no llegará la noche–
el destello está suspendido
¡y perdura!

Del libro Marzo súbito (poemas del 11-M)

[11 DE MARZO DE 2004 (I)]

Vagones apuñalados
disecaron los relojes.
Un silencio helado ascendió
de las vías derretidas.

Y apaleó cabezas
y suspendió latidos
en cada metro cuadrado de la península y sus islas.

Madrid legendario, otra vez
bombardeado.
Tu aire se ahogó
en los ecos de Guernika.

La mañana mutilada
enterró los calendarios.
Y se abrazó amorosa
a las gentes del Henares.
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[11 DE MARZO DE 2004 (III)]

Atocha es un gran estanque de cera roja,
iluminado por miríadas de luciérnagas.
De todas partes acuden peregrinos
a sumar su llama de sangre encendida,
a dar mirada a los pequeños resplandores,
a cuidar que ni un solo destello desfallezca.

Procesiones inagotables de ojos húmedos,
con velas invisibles en la mente
y olores de pétalo en la boca
y dedicatorias en las manos doloridas.
Como ríos caudalosos que llevan
su inconsolable vértigo
a procrear lumbres,
palabras, espesuras.

Atocha es el jardín, el aljibe luciente,
de la sangre fraterna que fluye a todos sitios
a amamantar cada gota de día once.
Atocha, catedral de la memoria,
construida silencio a silencio,
hoja a hoja, vela a vela.
Hogar perenne de los seres ausentes.
Refugio y paradoja de los vivos.
EPILOGO/ ATOCHA EN LAS RAMBLAS (IV)

Se oyó un grito,
vino del mar.
La onda expansiva
rompió el aliento.
Tembló Madrid.
Un frío repentino
empapó los cuerpos.

Se oyó un chasquido,
temblaron los muros.
Era Atocha,
que sin espera alguna,
descosió de golpe sus cimientos
y alzó el vuelo,
batiendo sus plumas enormes
de raíl herido.
Llamaban.
Al abrazo corría.

Ave descomunal, sobrevolaste
las llanuras buscando las olas,
con la música insólita, cristal y hierro,
de tus graznidos vehementes.
Como inquieta nodriza, esforzabas
tus nervaduras, apresurabas el gesto
de tus alas gigantes.
Y tu sudor recio se evaporaba
en hálitos de ternura que descendían
hasta tocar los ojos asombrados.

En la bóveda ibérica,
tejiste una estela, un hilo de luz,
señal de peregrino, arco umbilical
de gotas insurgentes, destello
en las noches de la ausencia.
Puente que anudaba
las dos columnas magníficas:
La Rambla y Atocha,
Atocha y La Rambla,
una vez más en el tiempo,
mellizas.