Emisión del estreno en Los Conciertos de la 2 de TVE (30/11/25) https://www.rtve.es/play/videos/los-conciertos-de-la-2/xxvii-festival-internacional-musica-contemporanea-madrid-coma25-parte-2/16838169/
Notas al programa
Ante las terribles noticias diarias sobre Gaza, la obra fue surgiendo (en los meses en que la compuse, de Mayo a Julio de 2025) como un homenaje a los artistas palestinos, que siguen creando en las condiciones más inimaginables y adversas. Me impresionó el testimonio de una joven pintora gazatí, Ranin Alzeriei, que declaraba en una entrevista: “los bombardeos no cesan, pero volver al arte es luchar por volver a vivir”.
Imaginé a los artistas como flores diseminadas, que en medio de la desolación formaban una constelación de pulsos, una polifonía de cantos disgregados, un jardín invisible que sin embargo bombeaba savia y néctar entre los escombros. Esta imagen la simbolicé en el trío de violas, que con un breve canto en armónicos (y su eco en los violines) aparece de forma intermitente lo largo de la obra.
Por otra parte, y siguiendo esa metáfora, la obra recrea los movimientos y pulsaciones del proceso de floración (ascensos y descensos de apertura y repliegue, proliferaciones, polinización…), que se traducen en diferentes tratamientos de la expansión y retracción del sonido. Se trata de un discurso en el que un reducido número de motivos evolucionan y se transforman de manera paulatina. A nivel rítmico, con un movimiento fluctuante y entrecortado, que produce una narrativa abrupta y por momentos aparentemente ilógica; en el plano armónico, con el contraste entre el acorde-cluster y la resonancia primaria de las cuerdas al aire; y en el aspecto tímbrico, con cambios pronunciados de tipos de sonido, dinámica y ataque.
Ambos aspectos quedan entrelazados en la estructura en ocho secciones de la pieza, tituladas: I Eclosión – II Cantos (1) – III Repliegues – IV Filamentos – V Cantos (2) – VI Florescencias – VII Emanaciones – VIII Cantos (3). La expresión musical se produce a través de un gesto sonoro contenido y austero, articulado con breves células y silencios, a modo de granos en suspensión, que aparecen y reaparecen de formas muy diversas.
La partitura está planteada para un conjunto de 12 instrumentos de cuerda (seis violines, tres violas, dos violonchelos y un contrabajo), que están tratados de forma individualizada, como si fuera un cuarteto amplificado que se ramifica. En este sentido, la evolución del discurso juega con una suerte de coreografía entre los diferentes grupos de instrumentos o intervenciones solistas, llevando el gesto oscilante de la floración al movimiento espacial del sonido.

