Entrevista – Senderos para el 2000


senderos21. Qué entiendes por “música”.  

Música no es renombre, homenajes, concursos, largas declaraciones de méritos en programas de mano, hacer carrera, ganar premios, agrandar catálogo. Música no es gueto, club distinguido, el confortable público de siempre, decir “es interesante” tras un estreno. Música no es todo vale, hay que respetarlo todo, confundir libertad con chapuza, confundir tradición con vivir de las rentas. Música no es torre de marfil, buscarse a sí mismo, mirar hacia dentro, encontrar mi lenguaje, ser trascendente, ser casi un elegido. Música es mirar una y otra vez la realidad con los cinco sentidos abiertos, abrirse hacia fuera, pronunciarse, tomar partido, hablar de las cosas. Música es dejarse la piel en cada obra, arriesgar, equivocarse, saltar al vacío. Música es someter a crítica el resultado, tomar en cuenta las opiniones -también las malas-, aprender con humildad.


2. Qué grado de incidencia tiene el público en tu pensamiento cuando te planteas una nueva obra.

Sin el otro, el que escucha, el hecho musical carece por completo de sentido. Una verdad de perogrullo, pero por su misma evidencia, tomada muchas veces a la ligera o reducida a una afirmación retórica. La música no es un medio de comunicación de forma natural, espontánea. Depende de si el compositor realmente lo pretende, pero pretenderlo no es un simple acto de voluntad. Todo el misterio de la música está encerrado en el problema de la escucha. Se trata por tanto, de si el compositor pone el hecho perceptivo, sensorial, psicológico y emocional de la escucha, como razón de ser de su actitud, su búsqueda, sus ideas y procedimientos. La expresividad y la emoción no son incompatibles con buscar una música que se sitúe en el límite (como afirman los que gustan o practican diferentes tipos de neos o revival). Por el contrario, un lenguaje afilado y sorpresivo puede abrir zonas inexploradas en la receptividad del oyente, y provocar en él sensaciones y emociones no experimentadas. Los compositores nos encontramos hoy con más medios y conocimientos que en ninguna otra época, ello nos permite, precisamente, encontrar nuevas formas de expresión y comunicación.

senderos33. ¿Crees que tu música puede transformar de algún modo tu entorno social?

Para que la música pueda cambiar el entorno social, primero tiene que llegar a ese entorno. Y para eso, antes, tenemos que cambiar de mentalidad. La música tiene que salir de las salas de conciertos habituales y dirigirse a conquistar nuevos públicos: universidades, centros de enseñanza, pueblos, barrios… Hay que tirar a la basura los viejos clichés de lo que es un concierto: popurri de obras inconexas sin un eje o un motivo  atractivo que despierte interés a priori, programas de mano con explicaciones tostonazo aptas sólo para ilustrados, distancia de hielo entre intérpretes y público, ausencia absoluta de información previa, de discusión y diálogo posterior, etc. Hay que crear una nueva ritualidad del hecho musical para lo que se ha dado en llamar música contemporánea (hay que aprender de la música popular) en la que el público pase a jugar un papel activo. Una ritualidad que convierta un concierto, en un lugar de encuentro y de conocimiento, en una experiencia auténtica y vital digna de recordarse.

4. Qué grado de ruptura crees que alberga tu música y, tanto en un extremo como en otro, con qué grandes corrientes de la creación del siglo que acaba te sientes vinculado o relacionado.

Y yo qué sé. La música no es una tarea individual, sino colectiva, histórica. Me preocupa que lo que haga tenga una conexión, una continuidad, en sentido profundo, con el rico y antiguo legado musical que heredo. Me interesan particularmente esos dos océanos que son la tradición arábigo-andaluza y el Renacimiento y el Barroco españoles. En España tenemos el feo vicio de no considerar lo propio y de buscar siempre fuera, en los sobrevalorados países más desarrollados. Ello ha producido ese esnobismo multicultural en el que un haiku es la octava maravilla, aunque no se conozca el Romancero. O ese espejismo de que para innovar hay que partir de cero, o hace falta importar esas estupendas y complicadas técnicas que hacen furor en los cursos de verano de Centroeuropa. Sin embargo, sabemos que para mirar muy lejos, hay que saber mirar primero, con los pies hundidos en las raíces propias, muy atrás.

Desde esta páginas, un abrazo muy fuerte para mis queridos Edgar Varèse y Luigi Nono.